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Omega-3 y TDAH infantil: qué dice la nueva evidencia

La evidencia más reciente no indica que el omega-3 sea un tratamiento universal para el TDAH. Un metaanálisis publicado en 2026 encontró un efecto global pequeño, pero observó un beneficio considerablemente mayor en los grupos de niños con niveles de omega-3 considerados bajos antes de iniciar la suplementación. Este hallazgo es especialmente interesante para NeuroSpa Clinic porque la Dra. Verónica Portillo Reyes ya había estudiado en Ciudad Juárez cómo la suplementación con omega-3 podía relacionarse con cambios clínicamente significativos en atención, velocidad de procesamiento y funciones ejecutivas en niños mexicanos con vulnerabilidad nutricional.

Los estudios no son equivalentes y no deben interpretarse como si estudiaran la misma población. Sin embargo, juntos apuntan hacia una pregunta cada vez más importante en neuropsicología y nutrición de precisión: ¿el estado inicial de un niño puede determinar cuánto se beneficia de una intervención?

Durante años, una de las preguntas más frecuentes sobre nutrición y TDAH ha sido sencilla: “¿El omega-3 funciona?”

Sin embargo, esa pregunta puede ser demasiado general.

Dos niños con TDAH pueden compartir un diagnóstico y, al mismo tiempo, tener perfiles completamente diferentes de atención, control inhibitorio, memoria de trabajo, alimentación, sueño, ansiedad, aprendizaje y funcionamiento ejecutivo.

Lo mismo puede suceder con su estado nutricional.

Por eso, una pregunta científicamente más útil podría ser:

¿Qué niños tienen mayor probabilidad de responder al omega-3 y qué características están relacionadas con esa respuesta?

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 comenzó a abordar precisamente esa cuestión. Sus resultados también permiten establecer una conexión interesante con una línea de investigación desarrollada años antes en Ciudad Juárez, Chihuahua, por la Dra. Verónica Portillo Reyes y sus colaboradores.

¿Qué encontró el nuevo estudio de 2026 sobre omega-3 y TDAH?

En junio de 2026, Xiao Fu, Ling Feng, Mingyan Jiang y Jinrong Li publicaron en Frontiers in Public Health la revisión sistemática y metaanálisis titulada Baseline omega-3 nutritional status and supplementation response in pediatric attention-deficit/hyperactivity disorder: a systematic review and biomarker-stratified meta-analysis.

Los investigadores analizaron ensayos clínicos aleatorizados de suplementación con omega-3 en niños y adolescentes con TDAH, pero introdujeron una diferencia importante frente a muchos metaanálisis anteriores: intentaron considerar el nivel de omega-3 existente antes de comenzar la intervención.

En total se incluyeron 7 ensayos clínicos aleatorizados, que aportaron 10 estimaciones analíticas.

Análisis Tamaño del efecto Interpretación
Todos los estudios combinados SMD = 0.21 Efecto general pequeño
Omega-3 bajo al inicio según cada estudio SMD = 0.52 Efecto estimado considerablemente mayor
Nivel normal/alto o grupo no estratificado SMD = 0.03 Prácticamente sin evidencia de beneficio

En el análisis general, la suplementación produjo una ventaja pequeña frente al placebo: SMD = 0.21, con un intervalo de confianza del 95% de 0.04 a 0.38.

Sin embargo, cuando los investigadores analizaron las estimaciones correspondientes a participantes que habían comenzado con niveles considerados bajos según los criterios de cada estudio, el tamaño del efecto aumentó a SMD = 0.52.

En contraste, el grupo formado por niveles normales/altos o resultados que no podían separarse de esa manera obtuvo un efecto de solamente SMD = 0.03, sin una diferencia estadísticamente significativa frente al placebo.

Puede consultarse el estudio completo en Frontiers in Public Health.

¿Qué significa esto?

Una posible explicación es el concepto de repleción nutricional.

Cuando una persona tiene una disponibilidad insuficiente de un nutriente, corregir esa situación puede producir un efecto diferente al que obtendríamos administrando cantidades adicionales del mismo nutriente a alguien que ya cuenta con niveles suficientes.

En otras palabras:

“Tomar más omega-3” no necesariamente es lo mismo que “corregir un estado insuficiente de omega-3”.

Esta distinción puede ayudar a comprender por qué algunos estudios sobre omega-3 y TDAH han encontrado beneficios y otros han encontrado efectos pequeños o inexistentes.

Cuando reunimos en un mismo análisis niños con estados nutricionales diferentes, el promedio puede ocultar subgrupos que responden de manera distinta.

La conexión con la investigación de la Dra. Verónica Portillo Reyes

Esta discusión tiene una relación especialmente interesante con investigación realizada anteriormente en Ciudad Juárez, México.

En 2014, la Dra. Verónica Portillo Reyes, junto con Miguel Pérez-García, Yolanda Loya-Méndez y Antonio E. Puente, publicó en Research in Developmental Disabilities el ensayo clínico:

Clinical significance of neuropsychological improvement after supplementation with omega-3 in 8–12 years old malnourished Mexican children: a randomized, double-blind, placebo and treatment clinical trial.

PMID: 24508294
DOI: 10.1016/j.ridd.2014.01.013

El estudio puede consultarse también en PubMed.

¿Qué hizo el estudio de Portillo-Reyes y colaboradores?

El ensayo estudió a 59 niños mexicanos de entre 8 y 12 años con desnutrición leve a moderada.

Fue un diseño aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo. La intervención tuvo una duración de tres meses y los investigadores realizaron evaluaciones neuropsicológicas antes y después del periodo de intervención.

Un aspecto particularmente importante del estudio fue que no se limitaron a preguntar si existía una diferencia estadísticamente significativa entre grupos.

Los investigadores examinaron también la significación clínica del cambio neuropsicológico en cada niño.

Esta diferencia es importante.

Una prueba estadística puede indicar que la media de un grupo cambió, pero desde la perspectiva clínica también queremos saber si ese cambio fue suficientemente grande como para representar una modificación importante en el rendimiento individual.

¿Qué funciones cognitivas mejoraron?

Los resultados mostraron que más del 50% de los niños del grupo que recibió omega-3 presentó una mayor mejoría en 11 de las 18 variables neuropsicológicas analizadas.

Además, más del 70% de los niños suplementados mostró mejorías clínicamente relevantes en medidas relacionadas con:

  • velocidad de procesamiento;
  • coordinación e integración visomotora;
  • integración perceptual y visuoperceptual;
  • atención;
  • memoria de trabajo y componentes de actualización de las funciones ejecutivas.

Por ejemplo, en la prueba de búsqueda de símbolos utilizada para evaluar velocidad de procesamiento, el estudio reportó un cambio clínicamente relevante en el 89.5% de los niños del grupo de tratamiento incluidos en ese análisis.

En una prueba de atención mediante cancelación de letras, el porcentaje fue de 85.7%.

Los autores concluyeron que los efectos observados eran especialmente evidentes en velocidad de procesamiento, capacidad visuoperceptual, atención y componentes de las funciones ejecutivas.

Algo igualmente importante: no todo mejoró

Una buena interpretación científica también debe considerar los resultados negativos.

El estudio de 2014 no encontró un efecto específico equivalente en todas las funciones cognitivas evaluadas. Los autores señalaron, por ejemplo, que las variables de memoria no mostraron diferencias claras atribuibles específicamente a la suplementación.

Esto es importante porque evita una conclusión demasiado simplificada como:

“El omega-3 mejora todo el funcionamiento cognitivo.”

Los datos del estudio sugirieron un patrón más específico.

Y precisamente esa especificidad puede ser relevante cuando hablamos de TDAH, atención y funcionamiento ejecutivo.

¿El estudio de 2014 era un estudio sobre TDAH?

No. Esta distinción es fundamental.

Los participantes fueron seleccionados por presentar desnutrición leve a moderada, no por tener un diagnóstico de TDAH.

Por lo tanto, este estudio no demuestra que el omega-3 sea un tratamiento para el TDAH.

Su relevancia para la discusión actual es diferente.

El estudio demuestra que, dentro de una población infantil mexicana con vulnerabilidad nutricional, una intervención con omega-3 estuvo relacionada con cambios clínicamente importantes en varias funciones neuropsicológicas, incluyendo atención, velocidad de procesamiento y funcionamiento ejecutivo.

Estas funciones también son importantes cuando realizamos una evaluación integral del TDAH, pero no son exclusivas del TDAH.

La diferencia entre un síntoma y una función cognitiva

Este punto es especialmente relevante en neuropsicología infantil.

Un padre o maestro puede describir a un niño diciendo:

“Se distrae mucho.”

Pero desde una perspectiva neuropsicológica, esa observación todavía no explica cuál es el mecanismo del problema.

El niño puede presentar dificultades predominantemente en atención sostenida. Otro puede tener problemas de control inhibitorio. Otro puede procesar la información lentamente. Otro puede tener ansiedad significativa, dormir mal o presentar dificultades de aprendizaje que producen una conducta que externamente parece “inatención”.

Por esta razón, en NeuroSpa enfatizamos la importancia de una evaluación neuropsicológica que examine funciones específicas en lugar de depender exclusivamente de una etiqueta diagnóstica.

De la investigación de 2014 a “Omega-3 and Cognition in Children with Malnutrition”

La línea de investigación continuó posteriormente.

En 2019, Verónica Portillo Reyes, John William Capps, Yolanda Loya Méndez, Gilberto Reyes Leal y Graciela Avitia participaron en el capítulo:

Omega-3 and Cognition in Children with Malnutrition

publicado en el libro académico Omega Fatty Acids in Brain and Neurological Health, de Elsevier.

El capítulo revisa cómo la nutrición durante la infancia puede relacionarse con el desarrollo y funcionamiento cognitivo, incluyendo situaciones de desnutrición, exceso de peso y deficiencias nutricionales específicas.

La importancia de este trabajo para la conversación actual está en su enfoque: no estudiar el omega-3 como una sustancia aislada, sino analizarlo dentro del contexto del estado nutricional, neurodesarrollo y funcionamiento cognitivo del niño.

Puede consultarse la información editorial del capítulo en ScienceDirect / Elsevier.

2014, 2019 y 2026: tres piezas de una misma pregunta científica

Los tres trabajos no demuestran exactamente lo mismo, pero existe una progresión conceptual interesante.

Año Trabajo Pregunta principal
2014 Portillo-Reyes et al. ¿Puede el omega-3 producir cambios neuropsicológicos clínicamente importantes en niños mexicanos con vulnerabilidad nutricional?
2019 Portillo Reyes, Capps et al. ¿Cómo interactúan omega-3, malnutrición, desarrollo cerebral y cognición infantil?
2026 Fu et al. ¿El nivel inicial de omega-3 ayuda a explicar por qué algunos niños con TDAH responden mejor que otros?

La conexión más interesante es la siguiente:

El efecto de una intervención nutricional puede depender, al menos en parte, de las condiciones biológicas y nutricionales existentes antes de iniciar esa intervención.

Esa idea se encuentra cada vez más cerca de lo que actualmente denominamos nutrición de precisión.

Pero debemos ser rigurosos: el estudio de Ciudad Juárez no midió el mismo biomarcador

No sería científicamente correcto afirmar que los niños estudiados por Portillo-Reyes en 2014 pertenecían al mismo grupo de “omega-3 bajo” identificado en el metaanálisis de 2026.

El estudio de 2014 evaluó niños con desnutrición leve a moderada, pero una de las limitaciones descritas por los propios autores fue que no utilizaron niveles séricos para caracterizar el estado nutricional y tampoco midieron la relación omega-6/omega-3.

El nuevo metaanálisis, en cambio, seleccionó estudios que habían obtenido biomarcadores de EPA y DHA antes de la intervención.

Por lo tanto, la relación entre ambas investigaciones es conceptual y neuropsicológica, no una replicación directa.

Y esta distinción fortalece, en lugar de debilitar, la interpretación científica.

¿Qué son EPA y DHA y por qué interesan en neurociencia?

Los principales ácidos grasos omega-3 de cadena larga estudiados en este contexto son el EPA, ácido eicosapentaenoico, y el DHA, ácido docosahexaenoico.

El DHA tiene una presencia importante en las membranas neuronales y participa en propiedades relacionadas con su estructura, fluidez, receptores y transmisión sináptica.

El EPA se encuentra en menores concentraciones dentro del tejido cerebral, pero participa en procesos relacionados con señalización inflamatoria y fisiología vascular.

Además, existe investigación sobre la relación de estos ácidos grasos con sistemas neuroquímicos como dopamina y serotonina.

Esto proporciona una base biológica plausible para investigar su relación con atención y neurodesarrollo.

Sin embargo, plausibilidad biológica no es sinónimo de eficacia clínica.

Que una sustancia participe en procesos cerebrales importantes no significa automáticamente que consumir cantidades adicionales vaya a mejorar el TDAH.

Entonces, ¿el omega-3 funciona para el TDAH infantil?

La interpretación más adecuada de la evidencia actual es:

El omega-3 puede producir beneficios modestos en algunos niños con TDAH, y existe evidencia preliminar de que los niños con niveles iniciales más bajos podrían presentar una respuesta mayor. Todavía no existe evidencia suficiente para recomendar una estrategia universal de suplementación basada en biomarcadores.

Además, el análisis de 2026 incluyó resultados conductuales, cognitivos y académicos, no únicamente escalas de síntomas de TDAH.

Cuando los investigadores limitaron el análisis exclusivamente a escalas conductuales de síntomas de TDAH, el grupo con niveles bajos continuó mostrando numéricamente un efecto mayor, pero la diferencia entre subgrupos ya no alcanzó significación estadística.

La certeza global de la evidencia de los subgrupos fue calificada como baja.

Por eso los propios autores describen los hallazgos como preliminares y generadores de hipótesis.

¿Existe actualmente una prueba de sangre que diga si un niño con TDAH necesita omega-3?

No existe actualmente un punto de corte universalmente aceptado que permita decir:

“Por debajo de este número, el omega-3 funcionará para el TDAH.”

Este es precisamente uno de los principales problemas identificados por el metaanálisis de 2026.

Los estudios utilizaron diferentes muestras biológicas, diferentes concentraciones de EPA/DHA y diferentes criterios para definir qué significaba un nivel “bajo”.

Antes de utilizar los biomarcadores para guiar rutinariamente el tratamiento del TDAH serán necesarios ensayos prospectivos de mayor tamaño con procedimientos estandarizados.

¿Por qué esta investigación importa para la evaluación del TDAH?

Para nosotros, la enseñanza más importante va mucho más allá de un suplemento.

El TDAH es un trastorno neurodel desarrollo heterogéneo.

Dos niños pueden cumplir criterios diagnósticos y presentar perfiles cognitivos, conductuales y biológicos muy diferentes.

Por ello, una evaluación adecuada debe intentar responder no solamente:

“¿Tiene TDAH?”

sino también:

“¿Cómo funciona este niño y qué factores están contribuyendo a sus dificultades?”

En NeuroSpa Clinic en Ciudad Juárez, la evaluación integral del TDAH considera diferentes fuentes de información clínica y neuropsicológica para comprender atención, control inhibitorio, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, aprendizaje, funciones ejecutivas, síntomas emocionales y funcionamiento cotidiano.

La nutrición no sustituye esta evaluación, pero forma parte del contexto biológico y del desarrollo que puede ser relevante para comprender al paciente.

¿Deberían los padres comenzar a dar suplementos de omega-3?

No debería interpretarse esta investigación como una recomendación para que todos los niños con TDAH comiencen suplementos.

La suplementación puede tener diferentes formulaciones y concentraciones de EPA y DHA, y las necesidades nutricionales deben valorarse dentro del contexto de la dieta, salud general, medicamentos y características individuales del niño.

Los suplementos tampoco sustituyen tratamientos para el TDAH que cuentan con mayor evidencia clínica cuando estos están indicados.

Lo que sí plantea la investigación es una razón adicional para abandonar la idea de que una misma intervención debe funcionar igual para todos.

De tratamientos universales a intervenciones más personalizadas

Una parte importante del futuro de la neuropsicología, psiquiatría y neurociencia clínica probablemente consistirá en identificar las variables que predicen respuesta.

En nutrición, una de esas variables podría ser el estado nutricional inicial.

En neuropsicología, puede ser el perfil específico de atención, inhibición, memoria de trabajo o aprendizaje.

En otros contextos podrían intervenir edad, sueño, ansiedad, genética, desarrollo, ambiente y otros factores.

La pregunta deja de ser únicamente:

“¿Funciona este tratamiento?”

y comienza a convertirse en:

“¿Para quién funciona, bajo qué condiciones y qué características nos permiten identificar a quienes tienen mayor probabilidad de beneficiarse?”

Una línea de investigación con raíces en Ciudad Juárez

Resulta especialmente relevante que esta conversación internacional sobre omega-3, atención, cognición y estado nutricional tenga antecedentes en investigación desarrollada con niños mexicanos en Ciudad Juárez.

El ensayo clínico de la Dra. Verónica Portillo Reyes y sus colaboradores mostró desde 2014 que era importante mirar más allá de una puntuación cognitiva global y examinar qué funciones neuropsicológicas específicas cambian y si ese cambio es clínicamente significativo para cada niño.

El capítulo publicado en 2019 amplió esa discusión hacia la relación entre malnutrición, ácidos grasos omega-3 y desarrollo cognitivo.

Ahora, el metaanálisis de 2026 añade otra variable:

el nivel nutricional existente antes de comenzar la intervención puede ayudar a explicar parte de la variabilidad en la respuesta.

No significa que las preguntas estén resueltas.

Significa que estamos formulando preguntas más precisas.

Conclusión

Decir simplemente “el omega-3 funciona para el TDAH” sería una simplificación excesiva de la evidencia.

Una conclusión más precisa sería:

La suplementación con omega-3 parece producir un efecto promedio pequeño en estudios pediátricos de TDAH, pero una nueva revisión sugiere que el beneficio podría ser mayor en algunos niños con niveles iniciales bajos. Investigaciones realizadas previamente en Ciudad Juárez por la Dra. Verónica Portillo Reyes y colaboradores también encontraron cambios neuropsicológicos clínicamente importantes después de suplementación con omega-3 en niños mexicanos con vulnerabilidad nutricional, particularmente en atención, velocidad de procesamiento y funciones ejecutivas.

Los estudios investigan poblaciones diferentes y no permiten afirmar que la misma explicación biológica sea responsable de ambos resultados.

Pero juntos fortalecen una idea cada vez más importante:

comprender el estado inicial y el perfil individual del niño puede ser tan importante como elegir la intervención.


Preguntas frecuentes sobre omega-3 y TDAH infantil

¿El omega-3 puede mejorar el TDAH en niños?

La evidencia indica un beneficio promedio pequeño. Un metaanálisis de 2026 encontró que el efecto podría ser mayor en grupos de niños con niveles inicialmente bajos de omega-3, aunque los autores consideran este resultado preliminar y todavía no recomiendan utilizar biomarcadores para decidir rutinariamente quién debe recibir suplementos.

¿Qué encontró el estudio de la Dra. Verónica Portillo Reyes sobre omega-3?

El ensayo clínico publicado en 2014 estudió 59 niños mexicanos de 8 a 12 años con desnutrición leve a moderada. Después de tres meses, más del 50% de los niños suplementados mostró mayor mejoría en 11 de 18 variables neuropsicológicas, y más del 70% presentó mejorías clínicamente relevantes en varias medidas relacionadas con velocidad de procesamiento, integración perceptual, atención y funciones ejecutivas.

¿La investigación de Portillo-Reyes fue realizada en niños con TDAH?

No. Los niños fueron seleccionados por presentar desnutrición leve a moderada y no por tener un diagnóstico de TDAH. El estudio es relevante para esta discusión porque evaluó funciones como atención, velocidad de procesamiento y funcionamiento ejecutivo, pero no debe interpretarse como un ensayo clínico de tratamiento para TDAH.

¿Qué relación existe entre la investigación de 2014 y el metaanálisis de 2026?

La conexión es principalmente conceptual. El estudio de 2014 investigó omega-3 en niños con vulnerabilidad nutricional, mientras que el metaanálisis de 2026 examinó niños con TDAH y biomarcadores iniciales de omega-3. Ambos trabajos apoyan la necesidad de estudiar cómo las características iniciales del niño pueden influir en la respuesta a una intervención, pero no estudiaron poblaciones equivalentes.

¿Existe una prueba para saber si el omega-3 funcionará para un niño con TDAH?

Todavía no existe un punto de corte universalmente validado para utilizar una prueba de EPA o DHA con el objetivo de predecir la respuesta al omega-3 en TDAH. Los estudios disponibles utilizaron diferentes biomarcadores y diferentes definiciones de niveles bajos.

¿El omega-3 puede sustituir los tratamientos habituales para TDAH?

No. La evidencia actual no respalda el uso del omega-3 como sustituto universal de tratamientos establecidos para el TDAH. Puede investigarse como una intervención complementaria dentro de un plan individualizado cuando sea apropiado.

¿Dónde se puede realizar una evaluación integral del TDAH en Ciudad Juárez?

NeuroSpa Clinic en Ciudad Juárez realiza evaluaciones integrales para niños, adolescentes y adultos con síntomas de TDAH. La evaluación busca definir el perfil clínico y neuropsicológico del paciente, incluyendo atención, control inhibitorio, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, funciones ejecutivas y condiciones que pueden coexistir con los problemas de atención.


Referencias científicas

Fu X, Feng L, Jiang M, Li J. Baseline omega-3 nutritional status and supplementation response in pediatric attention-deficit/hyperactivity disorder: a systematic review and biomarker-stratified meta-analysis. Frontiers in Public Health. 2026;14:1844881. Ver publicación.

Portillo-Reyes V, Pérez-García M, Loya-Méndez Y, Puente AE. Clinical significance of neuropsychological improvement after supplementation with omega-3 in 8–12 years old malnourished Mexican children: a randomized, double-blind, placebo and treatment clinical trial. Research in Developmental Disabilities. 2014;35:861–870. PMID: 24508294. DOI: 10.1016/j.ridd.2014.01.013. Ver en PubMed.

Portillo Reyes V, Capps JW, Loya Méndez Y, Reyes Leal G, Avitia G. Omega-3 and Cognition in Children with Malnutrition. En: Omega Fatty Acids in Brain and Neurological Health. Elsevier; 2019. Ver capítulo en ScienceDirect.