Cada vez se diagnostican más casos de TDAH y autismo. ¿Estamos viendo una verdadera “explosión” de estas condiciones, estamos diagnosticando de más… o finalmente estamos reconociendo a personas que antes pasaban desapercibidas?
Una nueva investigación publicada en JAMA Psychiatry ayuda a entender por qué la respuesta no es sencilla. El estudio utilizó registros nacionales de Dinamarca con 2,194,951 niños y adolescentes y examinó cómo cambiaron, entre 2012 y 2022, las características asociadas con recibir un diagnóstico de TDAH o trastorno del espectro autista (TEA).
El hallazgo más interesante es que, con el paso del tiempo, quienes recibían estos diagnósticos se parecían más —en varias características previas al diagnóstico— a sus pares sin TDAH o TEA. Los autores señalan que parte del aumento puede reflejar cambios en las prácticas diagnósticas y en la capacidad de los sistemas de salud para identificar estos perfiles.
¿Qué encontró realmente el nuevo estudio?
El análisis de casos y controles incluyó 71,317 personas diagnosticadas entre 2012 y 2022, comparadas con 713,170 controles. Los investigadores estudiaron 19 características previas al diagnóstico, incluyendo factores familiares, socioeconómicos, perinatales y uso de servicios de salud.
Las asociaciones entre varios de esos factores y un diagnóstico posterior de TDAH o TEA se fueron debilitando con el tiempo. El cambio fue más marcado para TDAH y entre quienes fueron diagnosticados a edades mayores.
Esto no significa que el TDAH o el autismo sean ahora “menos reales” o menos incapacitantes para una persona individual. De hecho, los propios autores advierten expresamente contra esa interpretación. Lo que sí sugiere es que la población que llega a diagnóstico se ha vuelto más amplia y diversa.
Hoy conocemos presentaciones más diversas de TDAH y autismo, incluidas aquellas que antes no encajaban con los estereotipos clásicos.
Más familias y adultos buscan una explicación para dificultades de atención, funciones ejecutivas, comunicación social o procesamiento sensorial.
Los sistemas clínicos han cambiado: se evalúa a perfiles más heterogéneos y a personas que llegan al diagnóstico más tarde.
1. Ya no pensamos en un solo “tipo” de TDAH o autismo
Durante años, el TDAH se asociaba casi exclusivamente con el niño hiperactivo que no podía quedarse sentado. El autismo se identificaba sobre todo cuando las diferencias en comunicación o funcionamiento cotidiano eran muy evidentes.
Hoy entendemos que el espectro clínico es mucho más amplio. Una persona con TDAH puede no ser particularmente hiperactiva y, en cambio, presentar problemas importantes para organizarse, iniciar tareas, manejar el tiempo, regular emociones o mantener la atención cuando una actividad no le resulta estimulante.
De manera similar, una persona autista puede tener lenguaje fluido, estudiar, trabajar y mantener relaciones, mientras experimenta diferencias persistentes en reciprocidad social, comunicación pragmática, flexibilidad, procesamiento sensorial o necesidad de predictibilidad.
2. Estamos identificando perfiles que antes podían pasar desapercibidos
Esto es especialmente relevante en adolescentes y adultos, mujeres y personas con buenas habilidades cognitivas o estrategias de compensación. Algunas personas aprenden a observar las reglas sociales y reproducirlas conscientemente, ocultando parte de sus dificultades. A este fenómeno se le suele llamar camuflaje o masking.
Desde fuera, la persona puede parecer desenvolverse bien. Sin embargo, sostener esa adaptación puede requerir un esfuerzo considerable. Por eso algunas personas llegan a la adultez después de años de ansiedad, agotamiento, dificultades sociales o problemas de organización sin haber explorado un posible perfil neurodivergente.
3. Más reconocimiento también exige mejores evaluaciones
Existe un riesgo en ambos extremos: pasar por alto a una persona que necesita una evaluación, o asumir un diagnóstico porque varios síntomas “se sienten familiares”.
La dificultad para concentrarse, por ejemplo, puede aparecer en TDAH, pero también en ansiedad, depresión, privación de sueño, estrés crónico, trauma, dificultades de aprendizaje, efectos de sustancias o medicamentos y algunas condiciones médicas.
Reconocer un síntoma puede iniciar la pregunta. La evaluación clínica debe responderla.
¿Cómo abordamos una evaluación en NeuroSpa?
En NeuroSpa Clinic buscamos integrar múltiples fuentes de información en lugar de depender de una sola prueba. El objetivo no es “encontrar una etiqueta”, sino comprender el perfil completo de la persona y responder qué está ocurriendo y qué tipo de apoyo puede ser útil.
Perfil emocional y conductual
Entrevista clínica, historia del desarrollo e instrumentos estandarizados para explorar atención, impulsividad, interacción social, ansiedad, estado de ánimo, regulación emocional y procesamiento sensorial.
Evaluación neuropsicológica
Dependiendo del caso, analizamos atención sostenida, control inhibitorio, velocidad de procesamiento, memoria, lenguaje, funciones ejecutivas, aprendizaje y otros dominios cognitivos.
Información neurofisiológica complementaria
En algunos casos utilizamos EEG cuantitativo (qEEG o brain mapping) como información complementaria sobre la actividad eléctrica cerebral.
La integración de los resultados es la parte esencial. Las puntuaciones de una prueba, la historia de desarrollo, lo que observa la familia, el desempeño cognitivo y el funcionamiento cotidiano deben contar una historia coherente.
¿Qué nos dicen los datos actuales?
En Estados Unidos, los CDC estiman que aproximadamente 7 millones de niños de 3 a 17 años (11.7%) tenían un diagnóstico actual de TDAH según una encuesta nacional de padres con datos recopilados en 2024.
Para autismo, la red ADDM de los CDC identificó TEA en aproximadamente 1 de cada 31 niños de 8 años en una muestra de 16 comunidades estadounidenses correspondiente a 2022. Esa cifra no debe interpretarse como una estimación de todos los niños de Estados Unidos ni como una tasa para México; los propios CDC señalan diferencias importantes entre comunidades y prácticas de identificación.
Estos datos muestran un aumento importante en la identificación, pero por sí solos no responden cuánto se debe a cambios reales de prevalencia, mayor reconocimiento, acceso a servicios, criterios diagnósticos o una combinación de factores.
Preguntas frecuentes
¿Hay más TDAH y autismo que antes?
Hay más personas identificadas y diagnosticadas. Eso no permite concluir, por sí solo, que todo el aumento represente un incremento equivalente en la prevalencia subyacente.
¿Esto demuestra sobrediagnóstico?
No. El estudio de JAMA Psychiatry describe cambios en las características asociadas con el diagnóstico y propone varias explicaciones posibles, pero no demuestra que los diagnósticos actuales sean incorrectos.
¿TikTok o un cuestionario en línea pueden diagnosticarme?
No. Pueden ayudar a reconocer experiencias que vale la pena explorar, pero un diagnóstico requiere historia clínica, criterios formales y una valoración profesional adecuada.
¿El qEEG diagnostica TDAH o autismo?
No por sí solo. En NeuroSpa lo utilizamos, cuando está indicado, como una fuente complementaria dentro de una evaluación más amplia.
No buscamos simplemente una etiqueta. Buscamos entender el perfil completo.
Realizamos evaluaciones para niños, adolescentes y adultos integrando historia clínica, instrumentos estandarizados, evaluación neuropsicológica y, cuando corresponde, información neurofisiológica complementaria.
También puedes conocer más sobre nuestro enfoque en evaluación neuropsicológica infantil en Ciudad Juárez.
Referencias
- Tarp ME, Lousdal ML, Rask CU, et al. Changes in Characteristics Associated With ADHD and ASD Diagnoses Over Time. JAMA Psychiatry. Publicado en línea el 9 de septiembre de 2026. doi:10.1001/jamapsychiatry.2026.2722.
- Centers for Disease Control and Prevention. Data on ADHD in Children. Actualizado el 8 de julio de 2026.
- Centers for Disease Control and Prevention. Data and Statistics on Autism Spectrum Disorder.
Este contenido es educativo y no sustituye una evaluación médica, psicológica o neuropsicológica individual.